Son los vizcondes unos condes bizcos,
que no se sabe hacia qué parte conden;
a mercedes humanas no responden,
y a las damas regalan con pellizcas.

Todas sus rentas son pizcas, y pizcos
sus estados, y nísperos que monden:
es conde cada cual de los que esconden
los mendrugos, que comen a repizcos.

Andan en titulillos; cosa fea;
y aún del rey mismo a no admitir se aúnan
lo de «O cómo la nuestra merced sea».

Sus despensas traspasos son que ayunan;
mas no, aunque su hambre hasta morir pelea,
de la merced de Dios se desayunan.