Es la noche sin fin, la desvelada

 

 

noche, que con sus filos de cuchilla

 

 

implacable recorta en amarilla

 

 

muerte nuestra silueta enajenada.

 

 

 

Vivir, cuando vivir no vale nada,

 

 

 

equivale a sembrar, con la semilla

 

 

 

infecunda, el dolor, que tanto humilla,

 

 

 

de una existencia rota y postergada.

 

 

 

Y el insomnio repite inexorable

 

 

 

el paso de la vida irrevocable,

 

 

 

que, sin dejarse de sentir, se aleja.

 

 

 

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,

 

 

 

tan juguete irrisorio del destino,

 

 

 

nuestra razón destartalada y vieja?