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Terra
La Coctelera

Categoría: poesía realista

MANUEL ARCE. A España

juanberpor | 19, jul

Indiscutiblemente tú eres nuestra España.
Agriamente lo dice la tierra que pisamos.
Esta piel que dibuja tu dura geografía:
el trigo de tus eras, el vino de tus campos.

Nos lo dicen los montes que sostienen el cielo,
a quien se pide a veces, pero se pide en vano.
Donde la nube habita tan amada
del labrador que espera, al pie firme del arado.

Indiscutiblemente eres tú quien nos duele,
y nosotros los hijos que te estamos llorando.
Como voz de protesta que tus muertos lanzaran,
en nuestra sangre pones un feroz latigazo.

España, si algún día levantas tu cabeza
de en medio de los muertos que contigo enterraron,
nos hallarás a todos por campos y ciudades
en la plena faena de dar a nuestros brazos
la alegría de estar laborando tu suelo,
que se torna en espigas al calor de tus manos.

Si algún día levantas tu cabeza,
podrás vernos a todos trabajar...trabajando.
Y a todos nos verás, aunque alguno te falte,
tal como tú nos quieres: hijos de ti, hermanos.

WALT WHITMAN. ¡Oh capitán!, ¡Mi capitán!

juanberpor | 24, may


I

¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido; El barco ha enfrentado cada tormento, el premio que buscamos fue ganado; El puerto está cerca, las campanas oigo, toda la gente regocijada, Mientras los ojos siguen la firme quilla de la severa y osada nave: Pero ¡oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón! Oh las sangrantes gotas rojas,

Cuando en la cubierta yace mi Capitán Caído, frío y muerto.

II

¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas; Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines; Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas; Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven; ¡Arriba Capitán! ¡Querido padre! Este brazo bajo tu cabeza;

Es tan sólo un sueño aquél en la cubierta, Tú has caído frío y muerto.

III

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos; Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad; El barco se encuentra anclado sano y salvo, su viaje concluido y terminado; De una horrorosa travesía, el barco vencedor, viene con un objeto conquistado; ¡Regocíjense, oh riberas y repiquen, oh campanas! Pero yo, con lúgubre andar

Camino la cubierta donde yace mi Capitán, Caído, frío y muerto.

JOSÉ Mª GABRIEL Y GALÁN. A un rico

juanberpor | 19, abr

¿Quién te ha dado tu hacienda o tu dinero?
O son fruto del trabajo honrado,
o el haber que tu padre te ha legado,
o el botín de un ladrón o un usurero.

Si el dinero que das al pordiosero
te lo dio tu sudor, te has sublimado;
si es herencia, ¡cuán bien lo has empleado!;
si es un robo, ¿qué das, mal caballero?

Yo he visto a un lobo que, de carne ahíto,
dejó comer los restos de un cabrito
a un perro ruin que presenció su robo.

Deja, ¡oh rico!, comer lo que te sobre,
porque algo más que un perro será un pobre,
y tú no querrás ser menos que un lobo.

JOAQUÍN Mª BATRINA. Visión de España

juanberpor | 11, nov

«Oyendo hablar a un hombre, fácil es

acertar dónde vio la luz del sol:

si os alaba a Inglaterra, será inglés;

si os habla mal de Prusia, es un francés;

y si habla mal de España, es español».

RAMÓN DE CAMPOAMOR. El gran festín

juanberpor | 11, nov

De un junco desprendido a una corriente
un gusano cayó,
y una trucha, saltando de repente,
voraz se lo tragó.
Un martín-pescador cogió a la trucha
con carnívoro afán;
y al pájaro después, tras fiera lucha,
lo apresó un gavilán.
Vengando esta cruel carnicería,
un diestro cazador
dio un tiro al gavilán que se comía
al martín-pescador.
Pero,¡ay!, al cazador desventurado
que al gavilán hirió,
por cazar sin licencia y en vedado,
un guarda le mató.
A otros nuevos gusanos dará vida
del muerto la hediondez,
para volver, la rueda concluida,
a empezar otra vez.
¿Y el amor? ¿Y la dicha? Los nacidos
¿no han de tener más fin
que el de ser comedores y comidos
del Universo en el atroz festín?...

RAMÓN DE CAMPOAMOR. ¡Quién supiera escribir!

juanberpor | 11, nov

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
-¿Cómo sabéis?...
-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afrentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

II

¡Señor rector, señor rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el sér de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.

Que mis labios las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que el tiene por tan bellos,
cargados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuántos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

III

EPILOGO

-Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo;
A don Ramón... En fin,
que es inútil saber para esto arguyo
ni el griego ni el latín.-

NÚÑEZ DE ARCE. Recuerdos.

juanberpor | 10, nov

I
Tantas esperanzas muertas
y tantos recuerdos vivos!…
en el corazón humano
jamás se forma el vacío.
Nace una ilusión y muere;
pero su cadáver mismo
queda insepulto en el alma
y siempre en la mente fijo.
¡Ay! Por eso yo que os llevo
ha tantos años conmigo,
esperanzas engañosas
que me halagasteis de niño;
hoy que bajo el grave peso
de vuestro cadáver gimo,
¡infeliz de mí! quisiera
que nunca hubierais nacido.

II
¿Te acuerdas? Al pie de un árbol
en el jardín de tu casa,
el dulce y maduro fruto
ibas cogiendo en la falda.
Turbando nuestra alegría.
crujió de pronto la rama,
diste un grito, y desplomado
caí sin voz a tus plantas.
No vi más; pero entre sueños
me pareció que escuchaba
desconsolados gemidos,
tiernas y amantes palabras.
Y cuando volví a la vida,
en una sola mirada
se besaron nuestros ojos
se unieron nuestras almas.

III
¿Te acuerdas? Seis años hace
cuando por la vez primera
eterno amor nos juramos
y fidelidad eterna.
¡Cuán venturosas corrieron
las horas ¡ay! y cuán prestas!
un deseo, una esperanza
fue nuestra dulce existencia.
Turbose un día el encanto
de aquella pasión inmensa,
y el viento de la fortuna
llevome a lejanas tierras.
Colgándote de mi cuello,
en llanto amargo deshecha,
«vuelve, me dijiste, vuelve;
que mi corazón te llevas».
Volví… ¡Ya estabas casada!
y un ángel de rubias hebras
en tu regazo dormía
el sueño de la inocencia.
Posé, temblando, mis labios
en su faz blanca y risueña,
y al mirarte, vi que estabas
pálida como una muerta.

IV
Después, aturdido, ciego,
cuando me hirió el desengaño,
en tus queridas memorias
quise vengar mis agravios.
Busqué frenético el rizo
de tus cabellos castaños,
que en la postrer despedida
me diste, Inés, sollozando.
«Muera, dije, este recuerdo
de aquel corazón ingrato,
y arrastre el viento en cenizas
la inútil prenda que guardo».
Miréla suspenso y mudo,
hasta que ahogándome el llanto,
en vez de arrojarla al fuego
la llevé ¡loco! a mis labios.
¡Ay! quiera Dios que no veas
presa en amorosos lazos,
al hijo de tus entrañas
llorar, como estoy llorando.

V
¿Te acuerdas cuando en los días
de mi secreto infortunio
dudaba yo de mí mismo,
pobre, olvidado y obscuro;
enjugando compasiva
mi llanto abundante y mudo,
«no desmayes, me dijiste,
que el porvenir será tuyo».
Yo compartiré contigo
lauros, honores y triunfos,
y a la sombra de tu fama
nuestro amor llenará el mundo.
Hoy rompe a veces mi nombre
la indiferencia del vulgo,
y a veces también su aplauso
trémulo y turbado escucho.
Pero como estás muy lejos
y en vano te llamo y busco
paréceme que resuena
en el hueco de un sepulcro.

NÚÑEZ DE ARCE. La guerra.

juanberpor | 10, nov

Por razones que se calla
La historia prudentemente,
Dos monarcas de Occidente
Riñeron fiera batalla.
La causa del rompimiento
No está, en verdad, a mi alcance,
Ni hace falta para el lance
Que referiros intento.
Sobre el campo del honor
Cubierto de sangre y gloria,
Donde alcanzó la victoria
Más la astucia que el valor;
Dos discípulos de Marte,
Que airados se acometieron
Y juntamente cayeron
Pasados de parte a parte;
Sumergidos en el lodo,
Mientras que llegaba el cura
Para darles sepultura,
Platicaban de este modo:

SOLDADO PRIMERO
¡Hola, compadre! ¿Qué tal
Te ha parecido el asunto?

SOLDADO SEGUNDO
Puesto que me ves difunto
Debe parecerme mal.

SOLDADO PRIMERO
Pues ha sido divertida
La función: mira a tu lado.
Lo menos hemos quedado
Doce mil héroes sin vida.
Y en esto me quedo corto,
Que me enfadan los extremos.

SOLDADO SEGUNDO
¡Con qué habilidad nos hemos
Destrozado! Estoy absorto.
Ha habido alarmas y sustos
muertes y atrocidades
Para todas las edades
para todos los gustos.

SOLDADO PRIMERO
Mas yo quisiera saber
Por qué con tanto denuedo
Nos matamos...

SOLDADO SEGUNDO
¡Ay! No puedo
Tu duda satisfacer.
Para entrar en esta danza
Tuve que dejar mi oficio.
Sé que aprendí el ejercicio,
Sé que estudié la Ordenanza.
Sé que en compañía de esos
Que están mordiendo la tierra,
Me trajeron a la guerra
Y me moliste los huesos.
Y, en fin, francamente hablando,
Puedo decirte al oído,
Que he muerto como he nacido;
Sin saber por qué, ni cuando.

SOLDADO PRIMERO
De tu explicación me huelgo,
Porque mi vida retrata.
En esto, alzando la pata
Un moribundo jamelgo,
¡Gracias, dioses inmortales! -
Dijo con voz lastimera-
Pues de la misma manera
Morimos los animales.-
Cuando pasó la impresión
De tan extraño incidente,
Así anudó el más valiente
La rota conversación:

SOLDADO PRIMERO
Aunque ignoramos la ley,
Origen de esta querella.
Juro a Dios vivo que en ella
Lleva la razón mi rey.

SOLDADO SEGUNDO
¿Y por qué?

SOLDADO PRIMERO
Porque es el mío.

SOLDADO SEGUNDO
¡Qué salida de pavana!
La justicia es de quien gana.

SOLDADO PRIMERO
De tu ignorancia me río.
¡Pues cuantos que han hecho eternos
Sus nombres con la victoria,
No han ido a gozar la gloria
De su triunfo a los infiernos!

SOLDADO SEGUNDO
Considera lo que dices,
Porque estoy ardiendo en ira.

SOLDADO PRIMERO
¡No me alces el gallo!...

SOLDADO SEGUNDO
Mira Que te rompo las narices.-

Y fieros y cejijuntos
A combatir empezaron
De nuevo... ¡y no se mataron,
Porque ya estaban difuntos!
Diéronse golpes crueles,
Hasta que hueca y ufana
Llegó la Locura humana,
Sonando sus cascabeles.
Puso paz entre los dos
Y dijo con desenfado:
-"¿Qué es esto? Habéis olvidado
Que sois imagen de Dios?
Tal vez la inmortalidad
Con justo título esperen
Los que por la patria mueren,
Por Dios, por la libertad.
Pero que el hombre sucumba
En conquistadora guerra,
Cuando siete pies de tierra
Le bastan para su tumba;
O que en lucha fratricida
Entre, sin saber quizá
Ni por qué la muerte da,
Ni por qué pierde la vida;
Esto mi paciencia apura,
Y cuantas veces lo veo,
Aunque soy Locura, creo
Que es demasiada locura."