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Terra
La Coctelera

Categoría: Poesía contemporánea

CESAR VALLEJO. Poema masa.

juanberpor | 21, mar

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: « ¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
« ¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando « ¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: « ¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

DIONISIO RIDRUEJO. España toda aquí.

juanberpor | 21, mar

España toda aquí, lejana y mía,

habitando, soñada y verdadera,

la duda y fe del alma pasajera,

alba toda y también toda agonía.

 

Hermosa, sí, bajo la luz sin día

que me la entrega al mar sola y entera:

campo de la serena primavera

que recata su flor dulce y tardía.

 

España grave, quieta en la esperanza,

hecha del tiempo y de mi tiempo, España,

tierra fiel de mi vida y de mi muerte.

 

Esta sangre eres tú y esta pujanza

de amor que se impacienta y acompaña

la fe y la duda de volver a verte.

 

LUIS GARCÍA MONTERO. Garcilaso 1991

juanberpor | 17, dic

Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos.
Y en esta habitación del siglo XX,
muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,

mi alma te ha cortado a su medida.

Todo cesa de pronto y te imagino

en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miren la distancia

en los televisores.

A través de los siglos,

saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los vivos,
preguntan por su casa.

Ya sé que no es eterna la poesía,

pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.

JESÚS LIZANO

juanberpor | 9, sep

Cojugo el verbo dar: yo doy presente;

yo doy mi corazón a quien lo pida.

Arriba está la luz: es la medida:

bajo la luz no hay nada diferente.

Yo di: pasado; ayer; estoy ausente

del llanto, de la noche, de la herida.

La siembra está en mis manos reogida,

la piedra convirtió su alma en fuente.

Futuro: yo daré: ¡Llegó la aurora!;

la aurora llega al corazón abierto.

Recibo y doy: conjugo el verbo cierto.

Imperativo: da. La voz sonora

del corazón despierta al hombre muerto.

El verbo sólo tiene un tiempo: ahora.

GERARDO DIEGO. Tú me miras.

juanberpor | 20, jul

Tú me miras, amor, al fin me miras
de frente, tú me miras y te entregas
y de tus ojos líricos trasiegas
tu inocencia a los míos. No retiras

tu onda y onda dulcísima, mentiras
que yo soñaba y son verdad, no juegas.
Me miras ya sin ver, mirando a ciegas
tu propio amor que en mi mirar respiras.

No ves mis ojos, no mi amor de fuente,
miras para no ver, miras cantando
cantas mirando, oh música del cielo.

Oh mi ciega del alma, incandescente,
mi melodía en que mi ser revelo.
Tú me miras, amor, me estás mirando.

MIGUEL HERNÁNDEZ. Vientos del pueblo.

juanberpor | 19, jul

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.                                 (Pincha en la foto)

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

MANUEL ARCE. A España

juanberpor | 19, jul

Indiscutiblemente tú eres nuestra España.
Agriamente lo dice la tierra que pisamos.
Esta piel que dibuja tu dura geografía:
el trigo de tus eras, el vino de tus campos.

Nos lo dicen los montes que sostienen el cielo,
a quien se pide a veces, pero se pide en vano.
Donde la nube habita tan amada
del labrador que espera, al pie firme del arado.

Indiscutiblemente eres tú quien nos duele,
y nosotros los hijos que te estamos llorando.
Como voz de protesta que tus muertos lanzaran,
en nuestra sangre pones un feroz latigazo.

España, si algún día levantas tu cabeza
de en medio de los muertos que contigo enterraron,
nos hallarás a todos por campos y ciudades
en la plena faena de dar a nuestros brazos
la alegría de estar laborando tu suelo,
que se torna en espigas al calor de tus manos.

Si algún día levantas tu cabeza,
podrás vernos a todos trabajar...trabajando.
Y a todos nos verás, aunque alguno te falte,
tal como tú nos quieres: hijos de ti, hermanos.

CARLOS BOUSOÑO. A España

juanberpor | 19, jul

Oh España, tierra eres, tierra solo,
pero con tu cálida, insondable entraña
el sol corre por dentro y te ilumina,
y te arrebata.

El sol te empuja brutalmente,
El enterrado sol que llevas, canta,
Ebria vuelas. Vas ya por las estrellas.
Vas pura, iluminada.

Mas llevas en tu seno
a los solemnes muertos que en ti braman,
que, como yo, con furia
te devoran y abrasan.

Oh España, ya por las estrellas,
oh estrella sola y clara:
te quiero con el llanto, España mía:
llanto tú brillador de luces altas.

¿Adónde vas, España grave?
Mis manos te levantan.
¿Adónde vas por el azul espacio?
Altísima navegas solitaria.

Y yo te veo tierra,
tierra sólo y herida por el hacha
de Dios, y vas sangrando, y cae
toda tu sangre por mi cara.

Ay, España querida.
Entiérrame en tu sangre roja. Arranca
a tu hijo del mundo. Llévame
contigo por la noche negra, España.

Vas alta y dolorosa.
Gimes, deliras, bramas.
Vas firme y pura por el firmamento
a hundirte en Dios como una espada.